Sentirse querido
La vida es una constante prueba psicológica donde cada uno busca en el fondo del todo, el sentirse querido. Ojo, no he dicho que le quieran, sino que la mente tenga motivos para sentirse bien. El sentirse querido te hace quererte a ti mismo, el cómo eres, el quien eres y cumple con la duda existencial de la vida. Pero ojo, es muy distinto que te quieran a sentirte querido ya que esto último, cada uno encuentra su razón de ser.
Claro que, eso de sentirse querido a veces se confunde muchas veces con orgullo, con respeto, con dinero, con llamadas de atención… todo para acercarnos lo máximo posible a esa sensación.
Cuando uno se siente querido es cuando verdaderamente se siente poderoso, se siente libre y es donde saca su máximo potencial como persona. Y como no, en ello influye todos y cada uno de las relaciones sociales que hemos tenido, que tenemos y que tendremos en nuestras vidas. Si, la sensación de sentirse querido, tiene que ver con la capacidad y con la perspectiva con la que nos relacionamos con los demás.
Y aquí entra otro concepto, con el que se crea una paradoja existencial y en donde muchos nos perdemos: La del egoísmo.
Está claro, yo voy a pensar en lo que es lo mejor para mi, no puedo pensar por ti y si tengo que elegir, voy a mirar por mi, ¿No? Pues creo que en el balance no de ser, sino de interpretar estos conceptos puede estar la clave de la existencia de uno mismo, al menos eso me pasa a mi.
Entonces ahí está la paradoja, necesitamos sentirnos queridos, pero en realidad lo necesitamos para sentirnos nosotros mismos bien, lo necesitamos para nosotros mismos y el resto, nos da igual un poco.
Un ejemplo infame de esto son los casos de bullyng, y no importa que sean de jóvenes, ya que lo mismo, pero en otro grado suele pasar entre adultos también con las famosas etiquetas.
Los que se meten o menosprecian a otros, lo hacen para sentirse poderosos, respetados y como he dicho al inicio, acercarse a esa sensación de sentirse queridos. Pero para ello, necesitan quitar esa propia sensación de sentirse querido a otra persona, humillándola, haciéndole sufrir, porque ese mismo poder, la de hacer pasar mal a otra persona, le da la sensación de ser poderoso y de buscar el sentirse querido por ello. Por eso siempre el bienestar de uno mismo estará por encima del resto.
Es un concepto sencillo y difícil a la vez. Más de una vez lo he pensado, en un mundo perfecto, todos nos preocuparíamos de todos y entonces no habría necesidad de que uno mismo se preocupe por si mismo. Pero eso es imposible.
Hay personas que se sienten queridas (asi mismas) por la cantidad de dinero que tienen. Otros por la cantidad de sus proyectos o sus decisiones empresariales acertadas que tienen. Otros por sentirse parte de cierta ideología o de cierta corriente ideológica. Otros por la cantidad de personas con las que se acuestan. Otros por algo tan antiguo como ser amado por Dios. En fin, hay infinidad de motivos que dan esa sensación de sentirse bien con uno mismo.
Queremos y necesitamos atención constante
Mira, justo ahora mismo me está ocurriendo lo que quiero explicar. Estoy con mi portátil sentado en el suelo de mi balcón cerrado, encima de un cojín ya que fuera hace frio pero ha salido el sol y eso calienta y da un calorcito agradable.
Y en eso que viene mi perro pidiendo mimos. Si por él fuera, le estaría dando mimos todo el día y no se cansa, porque no hay representación más fiel a que te quieran, que pedir que te hagan caricias.
Pero claro, aquí entra otro concepto. En el que no siempre se le puede dar caricias, de hecho, le he tenido que mandar y decirle que se fuera, porque si no, no podía seguir escribiendo esto que estoy escribiendo.
Entonces… ¿en qué medida hay que dar cariño para que él sepa que le quiero? ¿Para que no se sienta abandonado? Bueno, pues no hay una respuesta correcta y cada uno tenemos que hacer lo que consideremos, sin dejarlo del todo de lado. En fin, hay que darle toda la atención posible que requiera, siempre y cuando nosotros tampoco requiramos de nuestras cosas. ¿Veis? Volvemos a lo mismo. Hay que querer, sin que se pisen nuestras necesidades.
Por eso también muchas veces, solo vemos que no nos han querido, sin tener en cuenta el por qué. También solo vemos el “no me hacen caso” o “no me quieren” sin tener en cuenta que nosotros tampoco hacemos mucho por los demás. Creemos que nosotros sí que pensamos en los demás, pero los demás no en nosotros. Porque es más fácil expresar lo que nosotros sentimos que entender lo que los demás sienten.
De niños nos pasa lo mismo. Normalmente miramos con nostalgia y con buenos recuerdos a tiempos pasados, porque ese elemento de “sentirnos queridos” lo tenemos muy presente (o no) desde pequeños y eso influye totalmente en lo que de adulto interpretamos nuestra propia existencia. Y eso es muy importante.
Además de que tenemos una “evolución” que muchos llaman “madurar” que es, el no ser tan sensible, el poder gestionar tu mismo las cosas, el no pedir ayuda, el no llorar, el ser fuerte, el dejar un poco de lado el amor, ya que eso nos hace vulnerables… es decir, todo lo que necesitamos, tenemos que disimularlo para ser adultos, aunque en realidad, jamás nos vamos a escapar de esa necesidad de sentirnos queridos.
Las relaciones y el miedo
En todo esto de sentirnos queridos, tiene la mayoría del impacto las relaciones sociales. Como ya he dicho, la infancia es lo más importante y las personas que nos dan ese amor incondicional en dicha etapa y luego al crecer, al desprendernos de esos primeros amores, esta el bonito (o no) camino de encontrar a otras personas que también te quieran, ya sean amigos, compañeros, vecinos, pareja o lo que sea.
Y en esa transición yo creo que está la clave, sobre todo impulsado por nuestros referentes, aquellos que nos hacen sentirnos queridos en nuestros inicios. Y si, no solo heredamos lo bueno, de alguna manera, también heredamos los miedos, lo que nos nos gusta etc, aunque de forma un poco diferente.
Por ejemplo, algo curioso que me pasa es con el coche. A veces, en la carretera y si hay curvas y otros coches, me noto tenso. Parece que se me va a ir, o que el otro y yo vamos a tener algún accidente o algo asi. Sobre todo con camiones. Y nunca he tenido ningún accidente ni nada parecido. Lo que ocurre es que de pequeño, cuando yo estaba tan tranquilo en el coche, de repente escuchaba gritar a mi madre de puro miedo, ya que ella iba de copiloto y mi padre conducía y cuando este estaba adelantando o había cerca camiones, a mi madre eso le daba auténtico miedo hasta el punto de llorar por ello y pedir a mi padre que redujera la velocidad. A mi eso me impactó tanto, que hoy día creo que he heredado ese mismo miedo. No tan exagerado, pero algo de eso tengo. Claro, ella tiene una explicación por algo que le ocurrió por ese miedo, pero lo que quiero decir es que se hereda.
Y no algo tan claro como esto, sino cosas un poco más profundas también como veremos luego.
Sentirse querido= Amor
Mucha gente, muchas personas dicen tener todo pero aun asi no ser felices. Creo que porque tienen confundido el concepto de sentirse querido. Como ya he dicho, mucha gente el sentirse querido lo confunde por ejemplo con el respeto.
Si te respetan, ya eres alguien ya te sientes querido a ti mismo y te sientes bien. Pero ojo, muchas veces te pueden respetar por miedo y no por amor, por lo que si, la sensación puede ser parecida, pero no es real.
El amor verdaderamente puro que una persona puede sentir es cuando siente amor por el propio hecho de existir, no por lo que consiga, tenga o sea. Ahí hay muchas personas frustradas por no llegar a “X” calificación, o por no seguir el patrón, (que como hemos dicho antes) la familia tiene como tradición, por no ganar “x” dinero, por no tener una pareja, por tener los apellidos de “x”… por muchas cosas.
Y es normal, todos tenemos nuestras exigencias a lo que nuestra existencia se refiere, es muy difícil querer, como he dicho, por ser quien eres y no por lo que hayas conseguido. ¿Se entiende?
Nuestra identidad, tiene que estar totalmente relacionado con querernos a nuestra persona a pesar de lo que sea, pero esto no es fácil.
Evasiones
Una de las principales fuentes de amor y de seguridad, ha sido siempre la familia. Normalmente, te quieren mucho y te sientes arropado por la familia en cualquier circunstancia de la vida y eso es un pilar importante para ya sentirte querido.
Pero creo que está cambiando todo esto. Y no solo en el ejemplo de la familia, sino que en el ejemplo de cualquier relación social. Siento que vamos a una sociedad mucho menos humanamente conectada.
Y creo que gran culpa de ello también lo tiene la facilidad de evadirte que tenemos hoy en día y sobre todo gracias a la tecnología. Cada vez más adictos, donde me incluyo, a pasar el tiempo en el Pc, la Tele o el teléfono móvil. Creo que ha sido también el principal culpable de no enfrentar de frente a esta sensación de que no me quieren. Porque me pongo un juego o miro una película y no pienso en ello, aunque en el fondo, es una necesidad el atender al amor.
Y muchas veces veo gente de fuera, sobre todo latinoamericanos que vienen de fuera y son muy familiares y lo hacen todo en familia. Joder, envidio eso. Y claro, desde nuestra envidia, escucho criticar ello, pero mas me gustaría a mi tener una familia tan unida.
Claro, vete tu a saber lo que luego ocurre en ella, pero lo que yo no quiero es no tener apenas relación con la mía. Pero esto lo hablaremos en otro apartado.
Antes la gente se drogaba para evitar la realidad y no afrontar sus problemas. Ahora simplemente con un gesto al bolsillo, nos evadimos totalmente. Parece que no tiene efectos secundarios pero si los tiene si.