Ander Sensaciones 06/05/26

Yo me doy cuenta de que no me cuido a mí mismo, ni mi imagen ni mi bienestar, como si no importara. Me resulta incómodo incluso mirarme al espejo o tener autocuidado, tanto físico como psicológico. Es como si yo no fuera importante.

Cuando pienso en esto, recuerdo cosas de mi infancia. Por ejemplo, veía a mi hermano mirarse al espejo antes de salir y yo me reía de él, pero ahora veo que él está mejor, y entiendo que ese tipo de cosas sí tienen importancia.

Empiezo a pensar que todo esto viene de algo más profundo, incluso de lo que he heredado de mi madre. Ella ya arrastraba una sensación de abandono desde pequeña: estuvo en un internado, jugaba sola, no tenía amigos, y sentía que no le hacían caso. Eso fue creando en ella una forma de vivir basada en la soledad y en sentir que lo suyo no importa, mientras que lo de los demás sí.

Además, también había situaciones donde otros se aprovechaban de ella, mientras que ella no miraba por sí misma. Luego, cuando conoció a mi padre, se encontró con otro problema: el rechazo social. Estar con el hijo de un guardia civil en el País Vasco en esa época generaba rechazo en su entorno. Ahí se suma otra capa: ya no solo abandono, sino también rechazo y sensación de molestar.

Después vino algo aún más fuerte, que fue el asesinato de mi abuelo. Eso aumentó el miedo, el aislamiento y la sensación de no pertenecer. Mis padres decidieron quedarse en ese entorno, pero viviendo apartados, en un monte, sin apenas relación con la gente. Yo crecí en ese ambiente: sin socializar, sin fomentar relaciones, con esa sensación constante de aislamiento.

De todo eso, yo heredé sobre todo el miedo y ciertas creencias. Aunque soy una persona sociable y me gusta la gente, siempre he tenido esa idea de que los demás son lo primero y que pensar en uno mismo es algo negativo. Mi madre me inculcó que no debía pensar en mí, sino en los demás. Y eso hizo que yo no me cuidara, porque hacerlo sería como ponerme en primer lugar, algo que sentía que estaba mal.

Aun así, con los demás me iba bien muchas veces, pero también fui acumulando experiencias de rechazo: burlas, críticas, gente que no aceptaba mi forma de ser. Eso se fue quedando dentro de mí. Nada fuera de lo normal que no le pasara a nadie.

En la adolescencia intenté encajar en distintos grupos, pero nunca me sentía del todo cómodo. Siempre había una desconfianza o una sensación rara. Hasta que encontré un grupo donde por fin me sentí bien, aceptado, y fue una etapa muy buena. Pero dentro de ese mismo grupo, algunas personas empezaron a meterse conmigo, a cuestionar mi forma de ser, incluso a llamarme loco.

Eso me hizo muchísimo daño. Me sentí inferior, distinto, no aceptado. Y lo peor es que no fui capaz de defenderme ni de poner límites. Ahí se reforzó aún más la idea de que yo no importo.

Después de eso, me fui aislando. Dejé de salir, me quedé en casa, y aunque mis padres lo veían normal, por dentro yo estaba roto. Me sentía rechazado, humillado, sin amigos, y con la idea de que a nadie le importo y que todo el mundo va a lo suyo.

También se me quedó muy marcada la sensación de que molesto. Para mí, molestar a alguien es de lo peor que puede pasar. Eso lo veo también en mi madre, que evita decir cosas para no molestar. Es como algo que llevamos muy dentro.

Al final, todo se junta: la sensación de abandono, de rechazo, de ser una molestia y de no poder cuidarme a mí mismo. Siento que necesito a alguien externo para estar bien, igual que mi madre dependía de mi padre.

Y a día de hoy sigo arrastrando todo esto. Llevo muchos años sintiéndome incómodo conmigo mismo. Me cuesta relacionarme, a veces cancelo planes, me encierro con el móvil o el ordenador, y no consigo salir de ahí.

En el fondo, lo que me falta es valorarme a mí mismo. Poder decidir por mí, cuidarme, y si alguien dice que molesto, ser capaz de cuestionarlo y decir si tiene razón o no, y actuar en consecuencia. Eso es lo que siento que no tengo.

Por AdminBien

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *