Yo creo que estamos entrando en una crisis muy grande, pero no una crisis económica como normalmente se habla, sino una crisis humana, social y de identidad. Siento que esto ya se está viendo en la sociedad actual y que cada vez va a ir a más, sobre todo en los países más avanzados y occidentales.
Lo veo en cosas como que la gente cada vez tiene menos hijos, menos pareja y vive más sola. Mucha gente directamente prefiere vivir sola o acaba aislándose más. Y aunque se suele justificar con la economía, yo creo que eso no explica todo. Para mí hay una crisis emocional y social mucho más profunda detrás de todo esto.
Cómo el avance de la sociedad también ha creado nuevos problemas
Yo creo que una de las principales causas de esto es que lo tenemos todo demasiado hecho comparado con generaciones anteriores. De una generación a otra ha cambiado absolutamente todo.
Mi padre, por ejemplo, me contaba que eran siete hermanos y solo había una olla para comer. O comías rápido o te quedabas sin comida. No existía la posibilidad de decir “no me encuentro bien hoy” o “tengo una crisis emocional y no voy a comer”. Ahí la supervivencia obligaba a actuar sí o sí.
Hoy en día eso ya no existe. Aunque estés mal puedes aislarte, comer después, distraerte o evitar situaciones porque no tienes esa presión de supervivencia constante. Antes había más sufrimiento físico, hambre y dureza, pero ahora hay otro tipo de sufrimiento más psicológico y existencial.
Yo creo que el avance social ha sido positivo en muchas cosas, pero también ha generado problemas nuevos relacionados con la identidad, el vacío y la desconexión humana.
La idea que aprendí de pequeño: pensar en los demás antes que en mí
Yo siento que crecí con la idea de que pensar en uno mismo era egoísta. Muy influido también por la cultura católica y por esa idea de “pensar en el prójimo”, aunque yo no fuese especialmente creyente.
Entonces yo pensaba que lo correcto era preocuparme por los demás y no por mí. Mi lógica era que si yo miraba por los demás, los demás mirarían por mí. Yo cuidaba a otros, otros me cuidarían a mí y así todos avanzaríamos juntos.
Para mí eso representaba una sociedad ideal: una sociedad donde todos se preocupan por todos y nadie se abandona.
El problema: la realidad no funciona así
Con el tiempo me di cuenta de que eso no funciona exactamente así. Hay personas que sí piensan mucho en los demás, pero también hay personas que solo miran por sí mismas.
Entonces entendí que el equilibrio real está en pensar en los demás, pero sin abandonarte a ti mismo. Hay que ayudar y preocuparse por otros, pero también proteger tus propios límites, tus valores y tu bienestar.
Yo mismo de pequeño, cuando veía a alguien que se metía con otros, reaccionaba y me defendía. No por hacer daño, sino porque entendía que también había que protegerse. Ahí es donde veo el equilibrio sano: pensar en los demás, pero no permitir que te pisoteen.
No hemos aprendido a cuidarnos emocionalmente
Muchas personas no hemos aprendido a mirarnos a nosotros mismos ni a cuidarnos emocionalmente. Especialmente desde la adolescencia.
Muchas veces nos topamos con traumas, inseguridades o situaciones dolorosas que no sabemos gestionar. Y además vivimos en una sociedad donde parece que estar mal no está permitido. Si alguien está mal, rápidamente se le intenta sacar de ahí con frases como “anímate”, “no pienses en eso” o “no llores”.
Entonces muchas emociones y heridas se quedan dentro sin hablarse realmente. Y dependiendo de la persona y de lo vivido, eso puede quedarse dentro durante años y afectar muchísimo a la identidad.
El problema de no saber quién eres
Todo ello te empuja a una crisis que desenvoca en que muchas personas no sabemos realmente quiénes somos. No sabemos cuáles son nuestros límites, cómo hacernos respetar ni cómo defendernos emocionalmente.
Y cuando no sabes eso, cualquier comentario o rechazo te afecta muchísimo. Como no tienes una identidad sólida ni sabes defenderte, acabas actuando de forma demasiado pacífica, evitando conflictos y teniendo miedo constante a lo que puedan pensar o decir los demás.
Eso termina afectando incluso a cosas muy importantes como relacionarte, salir con gente, tener pareja o formar una familia.
La tecnología nos distrae y nos desconecta
Otro punto importante es la tecnologia. La tecnología ha ayudado muchísimo en algunas cosas, pero también nos está enfriando emocionalmente y lo hemos utilizado como «evasión» a nuestras emociones negativas o de lo que nos pasa.
Tenemos:
- móviles,
- videojuegos,
- vídeos,
- internet,
- entretenimiento constante.
Y todo eso muchas veces sirve para evadirnos de nuestros problemas emocionales y de identidad.
Yo mismo hago eso. Cuando estoy mal me distraigo leyendo tonterías por internet, viendo vídeos absurdos o jugando a videojuegos. No porque realmente me aporten algo importante, sino porque me ayudan a olvidar temporalmente esa parte de mí que no sé solucionar.
La tecnología nos mantiene entretenidos, pero al mismo tiempo nos individualiza y nos aleja de la conexión humana real.
La crisis del autocuidado
A raíz de lo «piensa en el projimo» viene el tema de que no sabemos autocuidarnos.
Sabemos que deberíamos hacerlo, igual que un fumador sabe que debería dejar de fumar, pero aun así cuesta muchísimo. Porque en el fondo seguimos asociando pensar en uno mismo con egoísmo.
Y el autocuidado no significa despreciar a los demás ni creerse superior. Significa cuidarte, respetarte y darte valor.
El ejemplo de Cristiano Ronaldo y el problema de la falsa humildad
Por ejemplo, Cristiano Ronaldo para mí representa una persona que se cuida y cree en sí misma.
Él dice que es bueno, se esfuerza, se valora y quiere ser el mejor. Y mucha gente interpreta eso como arrogancia o egoísmo.
Pero yo creo que ahí hay un problema cultural muy grande. Parece que está mejor visto hablar mal de uno mismo que reconocerse cosas positivas.
Vivimos en una especie de falsa humildad donde constantemente minimizamos nuestras capacidades:
- “bueno, no es para tanto”,
- “ha sido suerte”,
- “cualquiera podría hacerlo”.
Y eso destruye muchísimo el autodiálogo y la identidad personal.
La importancia de aprender a hablar de uno mismo
Mucha gente está en crisis porque no sabe hablar de sí misma ni expresar lo que siente.
En mi caso siento que no he aprendido a contar mis problemas ni a expresar mi malestar porque no se dieron esas situaciones de apoyo emocional donde uno se siente realmente escuchado.
Y por eso ahora siento que me toca aprender a cuidarme yo mismo. Aunque el apoyo externo ayude muchísimo, al final uno tiene que empezar a desarrollar ese autocuidado interno.
Qué cosas creo que ayudan realmente
El autocuidado empieza con pequeñas acciones constantes.
El deporte, por ejemplo, no es solo para tener buen cuerpo. Es una forma de decirte a ti mismo:
“voy a hacer algo bueno para mí aunque no me apetezca”.
La meditación también ayuda a observar pensamientos y aprender a parar un poco el ruido mental.
Y escribir me parece muy importante, tanto por la mañana como por la noche, porque sacar lo que tienes dentro ayuda muchísimo. Aunque sean pensamientos negativos, es mejor que estén fuera y no atrapados constantemente dentro de ti.
La pérdida de sentido y pertenencia
También creo que antes mucha gente encontraba sentido, identidad y apoyo emocional en la religión o en Dios.
Hoy en día eso prácticamente se ha perdido para mucha gente. Y entonces aparece un vacío:
“si no creo en algo superior, ¿en qué me apoyo para sentirme bien conmigo mismo?”
Por eso creo que muchas personas necesitan volver a sentirse parte de algo:
- un grupo,
- una comunidad,
- una idea,
- o personas con problemas similares.
Porque el ser humano necesita conexión y pertenencia.
Conclusión
Estamos viviendo una crisis muy profunda relacionada con la identidad, el autocuidado y la desconexión emocional.
Tenemos más comodidades y más tecnología que nunca, pero al mismo tiempo estamos más aislados, más inseguros y más desconectados de nosotros mismos y de los demás.
Y para mí la solución pasa por recuperar el autocuidado:
- aprender a cuidarnos,
- desarrollar un mejor diálogo interno,
- expresar lo que sentimos,
- poner límites,
- y volver a conectar de forma humana con otras personas y con nosotros mismos.