Se viene una crisis humana GIGANTE

Estamos entrando en una crisis muy grande, pero no una crisis económica como normalmente se habla, sino una crisis humana, social y de identidad. Siento que esto ya se está viendo en la sociedad actual y que cada vez va a ir a más, sobre todo en los países más avanzados y occidentales. Luego entenderéis por qué.

Lo noto en cosas como que la gente cada vez tiene menos hijos, menos pareja y vive más sola. Mucha gente directamente prefiere vivir sola o acaba aislándose más. Y aunque se suele justificar con la economía, yo creo que eso no explica todo. Para mí hay una crisis emocional y social mucho más profunda detrás de todo esto.


Cómo el avance de la sociedad también ha creado nuevos problemas

Una de las principales causas de esto es el avance en la calidad de vida «fisica» que hemos tenido, ya que lo tenemos todo demasiado hecho y accesible, comparado con generaciones anteriores.

Mi padre, por ejemplo, me contaba que eran siete hermanos y solo había una olla para comer. O comías rápido o te quedabas sin comida. No existía la posibilidad de decir “no me encuentro bien hoy” o “tengo una crisis emocional y no voy a comer”. Ahí la supervivencia obligaba a actuar sí o sí y como me decía el refrán de «oveja que bala, bocado que pierde», es decir, si hablabas, te quedabas sin comer, ahi era comer lo máximo que podias, porque no habia más.

Hoy en día eso ya no existe. Aunque estés mal puedes aislarte, comer después, distraerte o evitar situaciones porque no tienes esa presión de supervivencia constante. Es decir, algo tan básico como al comida, pasa a un segundo plano, porque «sabes» que no te vas a morir de hambre. Antes había más sufrimiento físico, hambre y dureza, pero ahora hay otro tipo de sufrimiento más psicológico y existencial.

El avance social ha sido positivo en muchos aspectos del ser humano, no hay más que ver, que tenemos mejores condiciones de vida y muchos dispositivos que nos facilitan la vida muchísimo, pero también ha generado problemas nuevos relacionados con la identidad, el vacío y la desconexión humana.


La tecnología nos distrae y nos desconecta

¿Pero de qué manera la tecnología puede ser perjudicial para el ser humano? Como dice una canción rapera «la tecnología nos calienta el cerebro y nos enfría el corazón» y es una verdad absoluta esto.

Como sabréis, las emociones, las sensaciones son conexiones cerebrales, por lo que mientras el cerebro esté en modo sedado, pues parece que ni sentimos ni padecemos. Utilizamos la tecnología como «evasión» a nuestras emociones negativas o de lo que nos pasa.

Tenemos:

  • móviles,
  • videojuegos,
  • vídeos,
  • internet,
  • entretenimiento constante.

Y todo sirve (Aparte de para divertirnos) para evadirnos de nuestros problemas emocionales y de identidad.

Yo mismo hago eso. Cuando estoy mal me distraigo leyendo tonterías por internet, viendo vídeos absurdos o jugando a videojuegos. No porque realmente me aporten algo importante, sino porque me ayudan a olvidar temporalmente esa parte de mí que no sé solucionar.

De hecho, el videojuego es eso, adoptar un rol fantástico que en la vida real, no tienes. Exactamente como emborracharte o drogarte, la cosa es sacarte de tu realidad y evadirte.

El cerebro, intenta sobrevivir

También creo que hay otra parte muy importante en todo esto, y es cómo funciona realmente el cerebro humano. Porque al final el cerebro no está diseñado para hacernos felices ni para que vivamos una vida plena. El cerebro está diseñado principalmente para sobrevivir o para vivir el mayor tiempo posible.

Antes la supervivencia era física como hemos visto. Pero hoy en día, al menos en las sociedades avanzadas, esas necesidades básicas ya están bastante cubiertas. Y como esa parte está solucionada, la supervivencia pasa a otro nivel: la supervivencia social y emocional.

Y el cerebro no es tonto, para él, lo mejor es:
👉 sobrevivir gastando la menor energía posible,
👉 evitando riesgos,
👉 evitando sufrimiento,
👉 y buscando la máxima seguridad.

Y ahí es donde está gran parte del problema moderno. El cerebro piensa:

  • “si te quedas en casa estás seguro”,
  • “si no sales no te expones al rechazo”,
  • “si no hablas no te humillan”,
  • “si no te esfuerzas no fracasas”,
  • “si no haces ejercicio no gastas energía”.

Y empieza a llevarte constantemente hacia lo cómodo, lo inmediato y lo seguro. No porque quiera destruirte, sino precisamente porque intenta protegerte y hacer que sobrevivas el mayor tiempo posible con el menor desgaste.

Por eso muchas veces hacer cosas buenas para uno mismo se sienten tan difíciles. Hacer ejercicio, socializar, exponerte, salir de casa, tener disciplina o incluso cuidarte emocionalmente requiere esfuerzo, incertidumbre y gasto de energía.

En cambio, quedarse en casa con el móvil, videojuegos, vídeos o distracciones rápidas es muchísimo más cómodo para el cerebro. El cerebro siente que está sobreviviendo perfectamente, aunque tu emocionalmente, estés hecho polvo. Y no entiende que si no se cuida de otros aspectos, seguramente viva menos, porque ahí está la paradoja más grande de todas: sobrevives más, pero dejas de vivir realmente.

Porque la vida humana justamente está en las cosas que implican cierta incomodidad:

  • relacionarte,
  • compartir,
  • arriesgarte,
  • enamorarte,
  • exponerte,
  • hacer deporte,
  • crear cosas,
  • superar miedos,
  • sentir emociones.

Al final, el cerebro busca supervivencia y comodidad. Pero la vida humana necesita algo más que sobrevivir: necesita experiencia, conexión, sentido y crecimiento. Y muchas veces esas cosas solo aparecen cuando uno está dispuesto a atravesar cierta incomodidad.

Mira por el prójimo todo lo que puedas

Esta frase que suena tan bien y tan social y que verdaderamente en una sociedad sana y avanzada, es clave, tambien es otro de los problemas que tenemos las personas.

Probablemente esto es influido también por la cultura católica (y las religiones en general) que quieren impulsar esa paz y convivencia social que es básico, con esas ideas de “pensar en el prójimo”, aunque yo no soy especialmente creyente.

Por eso, aprendes a sentir que la idea de pensar en uno mismo es egoísta. Por lo que pensaba que lo correcto era preocuparme por los demás y no por mí. Mi lógica era que si yo miraba por los demás, los demás mirarían por mí. Yo cuidaba a otros, otros me cuidarían a mí y así todos avanzaríamos juntos.

Para mí eso representaba una sociedad ideal: una sociedad donde todos se preocupan por todos y nadie se abandona.

El problema: la realidad no funciona así

Con el tiempo me di cuenta de que eso no funciona exactamente así. Hay personas que sí piensan mucho en los demás, pero también hay personas que solo miran por sí mismas.

Entonces entendí que el equilibrio real está en pensar en los demás, pero sin abandonarte a ti mismo. Hay que ayudar y preocuparse por otros, pero también proteger tus propios límites, tus valores y tu bienestar.

Yo mismo de pequeño, cuando veía a alguien que se metía con otros, reaccionaba y me defendía. No por hacer daño, sino porque entendía que también había que protegerse. Ahí es donde veo el equilibrio sano: pensar en los demás, pero no permitir que te pisoteen.

Pero claro. ¿Cómo sabes qué estás dispuesto a sacrificar y qué no? Ese es otro de los problemas.

El problema de no saber quién eres

Todo ello te empuja a una crisis que desenvoca en que muchas personas no sabemos realmente quiénes somos, ni qué somos para el resto, ni donde ubicarnos. Somos seres sociales y necesitamos «pertenecer» a un grupo social. Pero a raiz de todo lo anterior, no sabemos cuáles son nuestros límites, cómo hacernos respetar ni cómo defendernos emocionalmente, ni si tenemos «derecho» de hacerlo o no.

Y cuando no sabes eso, cualquier comentario o rechazo te afecta muchísimo. Como no tienes una identidad sólida ni sabes defenderte, acabas actuando de forma demasiado pacífica, evitando conflictos y teniendo miedo constante a lo que puedan pensar o decir los demás.

Eso termina afectando incluso a cosas muy importantes como relacionarte, salir con gente, tener pareja o formar una familia.


No hemos aprendido a cuidarnos emocionalmente

Y eso también nos lleva a otro punto: No hemos aprendido a mirarnos a nosotros mismos ni a cuidarnos emocionalmente. Especialmente desde la adolescencia.

Muchas veces nos topamos con traumas, inseguridades o situaciones dolorosas que no sabemos gestionar, porque en su día ocurrieron y aún nos duele o nos acordamos de ellas. Y además vivimos en una sociedad donde parece que estar mal no está permitido. Si alguien está mal, rápidamente se le intenta sacar de ahí con frases como “anímate”, “no pienses en eso” o “no llores”.

Entonces muchas emociones y heridas se quedan dentro sin hablarse realmente, porque en su momento, habia que pasarlo como fuese y hacer como que fue una tontería, cuando en realidad, no lo es. Y dependiendo de la persona y de lo vivido, eso puede quedarse dentro durante años y afectar muchísimo a la identidad.

Y todo ello desenvoca en lo siguiente:

La crisis del autocuidado

NO SABEMOS CUIDARNOS A NOSOTROS MISMOS. No lo sabemos. Ni siquiera sabemos en qué consiste.

Sabemos que deberíamos cuidarnos más en el ámbito físico y psicologico, pero hasta ahí. Es igual que un fumador, sabe que debería dejar de fumar, pero aun así le cuesta muchísimo. Porque en el fondo seguimos asociando pensar en uno mismo con egoísmo.

Y el autocuidado no significa despreciar a los demás ni creerse superior. Significa cuidarte, respetarte y darte valor. Cuidar de tu salud tanto fisica como psicologicamente y darle su espacio.

Gran parte de ello viene porque mucha gente estamos en crisis porque no sabemos hablar de nosotros mismos ni expresar lo que sentimos.

En mi caso siento que no he aprendido a contar mis problemas ni a expresar mi malestar porque no se dieron esas situaciones de apoyo emocional donde uno se siente realmente escuchado. Si aprendes que pensar en ti es egoista, que contar tus problemas no es conveniente porque cada uno tiene los suyos y que hay que llevarlos cada uno como puede y que realmente no importa lo tuyo a nadie, es lo que encuentras: Un nulo autocuidado emocional.

Y por eso ahora siento que me toca aprender a cuidarme a mi mismo. Aunque el apoyo externo ayude muchísimo, al final uno tiene que empezar a desarrollar ese autocuidado interno poco a poco y exteriorizarlo cuando se sienta más preparado.

La importancia de aprender a hablar de uno mismo

Y mucha gente estamos en crisis porque no sabemos hablar de nosotros mismos, ni contar nuestras cosas a los demás, sean buenas o malas.

Yo me doy cuenta, soy más de preguntar y escuchar que de contar. Pero me doy cuenta de que eso no está bien, de que tengo que darme importancia también a los demás y contar mis cosas y escuchar.

Pero si te acostumbras o llegas a ese punto de no contar a nadie nada, es dificil cambiar de un dia para otro. En su día no aprendí a contar mis problemas ni a expresar mi malestar porque no se dieron esas situaciones de apoyo emocional donde uno se siente realmente escuchado.

Y por eso ahora siento que me toca aprender a cuidarme yo mismo. Empezar desde yo conmigo, para ir a yo con los demás.

Porque sí, el apoyo externo ayuda muchísimo y también es básico, pero al final uno tiene que empezar a desarrollar ese autocuidado interno.


La pérdida de sentido y pertenencia

Otro de los factores clave es la motivación para creer y para sentirte bien. Antes mucha gente encontraba sentido, identidad y apoyo emocional en la religión o en Dios.

Hoy en día eso prácticamente se ha perdido para mucha gente. Y entonces aparece un vacío:
“si no creo en algo superior, ¿en qué me apoyo para sentirme bien conmigo mismo?”

Por eso creo que muchas personas necesitan volver a sentirse parte de algo y no hablo de un dogma o de algo religioso, hablo cosas más básicas como:

  • un grupo,
  • una comunidad,
  • una idea,
  • personas con problemas similares.
  • Familia o amigos

Seguramente muchos la familia lo tienen por descontado, pero no os creáis, otros ni eso. Si, tenemos familia, si existen, pero tenemos tanta desconexión que nos afectan apenas poco en nuestras vidas, y por ende, nosotros afectamos poco a sus vidas. Y el ser humano necesita conexión y pertenencia.

Hay que tener enemigos

Creo que junto a esa necesidad de pertenencia aparece otra cosa muy humana: la necesidad de tener una especie de “enemigo”, aunque muchas veces ese enemigo ni siquiera sea real o importante. No me refiero necesariamente a odiar de verdad ni a hacer daño a nadie, sino a tener algo externo sobre lo que proyectar frustraciones, enfados o tensiones internas.

Es como si psicológicamente necesitáramos dividir un poco el mundo entre:

  • “los nuestros”,
  • y “los otros”.

Y eso se ve muchísimo en cosas cotidianas, como por ejemplo, en el fútbol. Cuando un equipo pierde, muchísima gente necesita señalar rápidamente a alguien: el árbitro, un jugador concreto, el entrenador o cualquier figura que sirva como objetivo de la frustración colectiva.

Pero el árbitro es probablemente el «enemigo perfecto», donde muchas veces toda la tensión emocional del partido acaba cayendo sobre él. Y no digo que nunca se equivoque, claro que se equivoca, pero esto permite unir emocionalmente al grupo.

Cuando todos critican al árbitro ocurre algo curioso:

  • los aficionados se unen más,
  • sienten que están juntos contra algo,
  • y descargan emocionalmente la frustración de haber perdido o de sentirse impotentes.

Es mucho más fácil psicológicamente pensar:
👉 “hemos perdido por culpa del árbitro”
que aceptar:

  • que el equipo jugó mal,
  • que hubo errores propios,
  • o que simplemente el rival fue mejor.

Porque buscar un enemigo externo protege mucho al ego y además refuerza el sentimiento de pertenencia al grupo.

Y yo creo que eso no pasa solo en el fútbol. Pasa constantemente en la sociedad:

  • en política,
  • en redes sociales,
  • en internet,
  • en grupos sociales,
  • incluso en amistades o comunidades.

Muchas veces las personas se unen más por compartir un enemigo común que por compartir algo positivo. Tener algo contra lo que posicionarse da identidad rápidamente. Hace que la gente sienta:
👉 “yo pertenezco aquí”
👉 “nosotros somos estos”
👉 “los otros son el problema”

Y creo que eso tiene bastante relación con la crisis de identidad actual. Cuando una persona no tiene una identidad sólida propia, muchas veces necesita apoyarse más en identidades grupales, bandos o enemigos externos para sentir cierta seguridad psicológica.

Por eso hoy en día vemos tantas discusiones extremas y tanta polarización. Mucha gente no solo defiende ideas, sino que necesita emocionalmente sentir que está “contra algo”. Porque eso les da estructura, pertenencia y dirección emocional.

Incluso creo que muchas veces criticamos cosas o personas no tanto por esas personas en sí, sino porque necesitamos liberar frustración acumulada. Es una forma de sacar tensión interna hacia fuera. A veces ni siquiera importa realmente el tema; lo importante es tener un lugar donde descargar emocionalmente.

Y no digo que unicamente haya que construirse una identidad alrededor de los enemigos externos o frustraciones colectivas, sino el hecho de tener enemigos, pero sin necesitar odiar o atacar constantemente algo externo para sentirnos unidos.


Qué cosas creo que ayudan realmente

El autocuidado empieza con pequeñas acciones constantes.

El deporte, por ejemplo, no es solo para tener buen cuerpo. Es una forma de decirte a ti mismo:
“voy a hacer algo bueno para mí aunque no me apetezca”.

Por eso creo que muchas veces el autocuidado verdadero consiste justamente en hacer cosas que el cerebro inicialmente rechaza. No porque sean malas, sino porque requieren energía, disciplina y cierta exposición emocional.

Hacer deporte aunque no tengas ganas, salir aunque te dé pereza, hablar aunque tengas miedo o enfrentarte a pensamientos incómodos son formas de decirle al cerebro:
👉 “entiendo que quieres protegerme, pero vivir también implica asumir incomodidad”.

Y creo que gran parte de la crisis actual viene de que tenemos demasiadas herramientas para evitar el malestar inmediato. El cerebro nunca había tenido tantas facilidades para quedarse en un estado de comodidad constante:

  • entretenimiento infinito,
  • comida fácil,
  • distracción continua,
  • aislamiento cómodo,
  • estimulación rápida.

Todo eso calma momentáneamente, pero también hace más difícil construir identidad, fortaleza emocional y conexión humana real.

La meditación también ayuda a observar pensamientos y aprender a parar un poco el ruido mental.

Y escribir tus pensamientos me parece muy importante, tanto por la mañana como por la noche, porque sacar lo que tienes dentro ayuda muchísimo. Aunque sean pensamientos negativos, es mejor que estén fuera y no atrapados constantemente dentro de ti.

Vomitar, tener un tiempo al día para ello, unos 15-30 minutos para escribir lo que te da la gana, sobre lo que te molesta e incomoda. Ayuda mucho.


Conclusión

Estamos viviendo una crisis muy profunda relacionada con la identidad, el autocuidado y la desconexión emocional.

Tenemos más comodidades y más tecnología que nunca, pero al mismo tiempo estamos más aislados, más inseguros y más desconectados de nosotros mismos y de los demás.

Y para mí la solución pasa por recuperar el autocuidado:

  • aprender a cuidarnos,
  • desarrollar un mejor diálogo interno,
  • expresar lo que sentimos,
  • poner límites,
  • y volver a conectar de forma humana con otras personas y con nosotros mismos.

Por AdminBien

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *